No todos somos Sheldon Cooper

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NO TODOS SOMOS SHELDON COOPER.

El Asperger se conoce como el trastorno invisible: somos autistas pero no lo somos del todo, más bien parecemos unos tíos raros. Muy raros

Sí, Sheldon, el protagonista de The Big Bang Theory, ese científico tan divertido y singular que hace reír a todo el mundo con sus ocurrencias. Un aspie, como nos llaman afectuosamente los conocidos y como nos llamamos entre los afectados por Trastorno de Asperger. Es cierto que él, y otros como él, como Temperance Brennan, la co-protagonista de Bones, o Sonya Cross, de The Bridge, llaman la atención de la gente por su excentricidad, su brillantez y su inteligencia, y han puesto el Asperger en boca de muchos, aunque a menudo de forma sesgada. Yo puedo asegurar que la vida de una persona con trastorno de Asperger no es para nada tan divertida e interesante como nos muestran en TV, puesto que la mayoría de las veces las dificultades a las que nos enfrentamos son de todo menos agradables.

No me he presentado. Me llamo Dani y tengo dieciocho años. Hace dos unos médicos le pusieron etiqueta a mi forma de ser y me ayudaron a entender por qué era tan diferente. Aunque puede parecer impactante que te digan que has nacido con una discapacidad, la verdad es que saberlo ayudó a que mi familia y mis conocidos entendieran un poco mejor mi manera de relacionarme con los demás. Y dejaran de inquirirme porque no me relacionaba al mismo nivel que mis semejantes.

No es fácil darse cuenta de que eres diferente de los que te rodean, de que no interpretas la realidad como ellos. Quieres tener una vida normal, ser normal pero te han dicho que nunca lo serás. Es duro. Nosotros tenemos una gran dificultad para interpretar nuestras propias emociones y también para expresarlas; las situaciones sociales suponen una angustia a veces insuperable —yo mismo dejé la universidad porque no podía con la ansiedad que me provocaba exponer mi trabajo delante de setenta personas; necesitamos rutinas y hábitos, porque estos nos tranquilizan, y somos capaces de obsesionarnos hasta el infinito con aquello que nos atrae, que nos hace felices… Necesitamos soledad, nos gusta estar solos, y la empatía no es nuestro fuerte.

Además, no es fácil convivir con una hipersensibilidad tan extrema que hace que vista, oído, tacto, gusto y olfato te impidan comportarte como una persona normal, un neurotípico, así os llamamos (al menos yo). Por poneros algún ejemplo, cualquier olor un poco más fuerte de lo normal hace que me tenga que ir inmediatamente del foco que lo provoca; en un día soleado no puedo separarme de mis gafas de sol; los ruidos fuertes y también los intermitentes y constantes, por flojos que sean, me sacan de quicio, y los sabores que se salen de mi limitada gama …, bueno, decir que cuando me quedo sin la marca de leche que tomo siempre no desayuno.

Esa es la realidad del Asperger, y no la de las películas y las historias bonitas de superación. Esa es la realidad de personas que, como yo, se enfrentan muchas veces a la incomprensión de los demás. Por algo el Asperger se conoce como el trastorno invisible: somos autistas pero no lo somos del todo, y más bien parecemos unos tíos raros. Muy raros.

Pero no voy a hablar aquí de teorías de la capacidad de superación personal ni nada de eso, porque eso no me gusta. Además, como diría Francisco Umbral, “yo he venido aquí a hablar de mi libro”, del proyecto en el que trabajo desde hace tiempo.

Desde pequeño he admirado la capacidad creativa de dos personas: Steve Jobs, fundador de Apple, y Jonathan Ive, su director de diseño. Mi sueño era trabajar con ellos, aprender de ellos. Hasta quería estudiar diseño industrial en la misma universidad a la que fue John Ive, Newcastle, a pesar del pánico que me daba dejar mi casa. Pero Steve Jobs murió. Esa mañana fue una de las pocas veces en los últimos años en que he llorado. Algo se derrumbó dentro de mí.

Me fui cerrando cada vez más. Las palabras de Jobs colgadas en mi habitación me decían que luchara por aquello en lo que creo, que persiguiera mis sueños. “Stay hungry, stay foolish”, dijo en su discurso en la Universidad de Stanford en 2005. Así que me obsesioné con crear algo nacido de mí, de mis intereses, de aquello en lo que creo.

Me pasé el último año de bachillerato y el primero de carrera trabajando en un proyecto de página web, BLOGSUNIDOS. Tras muchos diseños, y tras simplificar el proyecto al máximo para que se pudiera programar según los recursos económicos de los que disponía, (mucho más limitados de lo que querría) el proyecto se transformó en una página web al cabo de un tiempo.

Este es el texto que colgué en la página web:

BLOGSUNIDOS.com es una plataforma web que trata de unir blogs de distintas temáticas para, usando el trafico que estos blogs generan y diversos sistemas de promoción, dar a conocer nuevos autores y contribuir a difundir a los que ya tiene cierta trayectoria en la Red. Sea a través de contenidos originales, sea agregando contenidos previamente publicados por el autor en su propio blog, nuestra idea es conseguir una destacada selección de blogs de diversas temáticas, sugerentes en sus contenidos y atractivos en su forma de llegar a los lectores.

Por último, y antes de despedirme, quería dirigirme a mis semejantes. Decir que el hecho de tener Asperger no nos convierte automáticamente en unos fracasados ni en unos pobrecitos. Que seamos discapacitados y tengamos problemas en muchas áreas de nuestra vida no implica que tengamos que dejar de luchar por nuestros sueños, no nos podemos rendir, escudándonos en nuestra diferencia, para no llegar a nada en la vida.

Sé que suena muy pasteloso y muy típico de los manuales de autoayuda, pero la diferencia no debe paralizarnos, no podemos dejar que el Asperger nos esclavice, siempre tiene que haber una salida. Podemos tratar de usar nuestras “diferencias” en beneficio propio, como por ejemplo el tema de las obsesiones: los aspies podemos trabajar y centrarnos en un tema durante mucho, mucho tiempo, sin cansarnos. Eso nos puede ayudar (como me está ayudando a mí) para tirar adelante proyectos que nos motiven dedicándoles todo nuestro tiempo y esfuerzo.

No pretendo ser un ejemplo de superación ni de nada parecido, todo eso, como he dicho antes, no me gusta nada, pero si mi testimonio sirve para que gente como yo, otros Asperger, vean que a pesar de todo podemos tirar adelante y luchar por lo que queremos, aunque tengamos dificultades, las muchas horas que me he pasado peleándome con este escrito habrán valido la pena.

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